
Según el Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal), esta ola de calor ha provocado un número elevado de muertes relacionadas con el calor en Europa, con aproximadamente 47.690 personas que han perdido la vida por causas relacionadas con las temperaturas extremas. Aunque inferior a los 61.672 muertos estimados para 2022, este número sigue siendo alarmante. Las estimaciones provienen del análisis de datos de temperatura y mortalidad recopilados entre 2015 y 2019 en 823 regiones de 35 países europeos.
Utilizando modelos epidemiológicos, los científicos proyectaron estos datos al 2023, sugiriendo que las cifras reales podrían oscilar entre un mínimo de 28.853 y un máximo de 66.525 muertes.
Sin embargo, los autores advierten que estas estimaciones podrían estar subestimadas debido a las dificultades en la recopilación de datos.
En lugar de confiar en los registros diarios habituales de mortalidad, los estudiosos tuvieron que basarse en actualizaciones semanales proporcionadas por Eurostat, lo que podría haber llevado a una subestimación de la mortalidad relacionada con el calor. Los países más afectados por el calor extremo fueron los del sur de Europa, con Grecia a la cabeza con 393 muertes por millón de habitantes, seguida de Bulgaria (229), Italia (209), España (175) y Chipre (167).
Un dato particularmente preocupante es que la mortalidad relacionada con el calor resultó ser casi ocho veces superior entre los individuos mayores de 80 años en comparación con aquellos entre 65 y 79 años, destacando la mayor vulnerabilidad de los ancianos. Además, las mujeres mostraron una mortalidad del 55% superior en comparación con los hombres.
Este fenómeno, aunque aún no completamente comprendido, podría estar relacionado con diferencias fisiológicas como la menor capacidad de disipar el calor a través de la sudoración o una temperatura corporal media más alta. A pesar del alto número de muertes, el estudio también revela una tendencia importante: en los últimos veinte años, la adaptabilidad de la población a las olas de calor extremo ha aumentado, gracias a los avances socioeconómicos y a las medidas preventivas adoptadas después del verano récord de 2003.
La temperatura mínima asociada a un menor riesgo de mortalidad ha aumentado gradualmente, pasando de 15°C en el período 2000-2004 a 17,7°C en el período 2015-2019. Joan Ballester Claramunt, del European Research Council, ha advertido que casi la mitad de los días en 2023 superaron el umbral de 1,5°C establecido por el acuerdo climático de París. Europa se está calentando dos veces más rápido que el promedio global, y se prevé que dicho límite será superado antes de 2027 si no se adoptan medidas efectivas para mitigar sus efectos. Estos datos destacan la urgencia de abordar el cambio climático no solo como un desafío ambiental, sino también como una crisis sanitaria global, que requiere acciones rápidas y decididas para proteger la salud pública y prevenir más pérdidas de vidas humanas.






