
Ante todo debemos detenernos por un momento en las condiciones climáticas actuales, evidentemente fuertemente condicionadas por la irrupción ártica.
Ha habido un colapso térmico, también mal tiempo, especialmente en algunas regiones italianas donde la acción del vórtice ciclónico mediterráneo es más incisiva. La amplia estructura ciclónica evolucionará gradualmente hacia el oeste, en dirección a la Península Ibérica, interactuando además con el aire cálido y húmedo del Mediterráneo. Esto podría realimentar la depresión, aunque se centraría más en el norte de África. Sin embargo, algunos modelos matemáticos autorizados de mayor resolución hipotetizan un empeoramiento sensible a partir del jueves, empeoramiento que podría afectar a Cerdeña, el alto Tirreno y el noroeste. Moviéndonos del corto al mediano plazo, otro elemento que no debe subestimarse en absoluto es la ola de frío que, a partir del fin de semana, golpeará el este de Europa.
No debería tener efectos particulares salvo una nueva disminución térmica especialmente en la franja adriática y en el sur. Estamos hablando del inicio de la próxima semana, cuando podría repetirse una situación similar a la irrupción fría anterior a la ártica. En esa ocasión nevó en la cordillera de los Apeninos a cotas interesantes, mientras que en el sur se desarrolló un área de baja presión particularmente profunda y mala. Esta vez, sin embargo, no parecería haber riesgo ciclónico, por lo tanto, los posibles fenómenos derivarían exclusivamente del efecto stau. Proyectándonos más allá, lo que podemos decirles es que las proyecciones autorizadas de los centros de cálculo internacionales tienen dificultades para encuadrar un escenario unívoco. De hecho, hay quienes hipotetizan una mejora decidida como respuesta a una consolidación progresiva del Anticiclón Subtropical. Si así fuera, sería lícito esperar, además de buen tiempo, también un generoso aumento de las temperaturas que en ese momento se orientarían por encima de las medias estacionales. Por el contrario, hay quienes parecen querer dar más peso al Atlántico, por lo tanto, al regreso de perturbaciones oceánicas o en cualquier caso a un tipo de circulación orientada a la variabilidad atmosférica.
Esta hipótesis, en nuestra opinión, podría ser la más probable, al menos por el momento, y nos llevaría en dirección a las festividades navideñas. Festividades que podrían reservar un interesante giro de los acontecimientos, pero antes de aventurarnos en ese sentido preferimos tener alguna evidencia modelística que lo respalde.




