
Sin embargo, existen agujeros negros que empujan aún más los límites de la masa y el tamaño, clasificados como agujeros negros ultramasivos.
Estos gigantes del universo, con masas superiores a 10 mil millones de masas solares, representan algunas de las entidades más enigmáticas y titánicas conocidas.
Los gigantes del universo: Phoenix A y Ton 618
El agujero negro ultramasivo más imponente actualmente descubierto es Phoenix A, situado en el centro del cúmulo de la Fénix, a 5,8 mil millones de años luz de la Tierra.
Este agujero negro posee una masa estimada alrededor de 100 mil millones de masas solares, lo que lo convierte en el más grande jamás observado.
Otro coloso cósmico, Tonantzintla 618 (Ton 618), se encuentra a aproximadamente mil millones de años luz y tiene una masa de alrededor de 66 mil millones de masas solares.
Estos números extraordinarios plantean una pregunta fundamental: ¿existe un límite al tamaño de un agujero negro? Según las teorías astrofísicas actuales, parece que la respuesta es sí.
¿Cómo crecen los agujeros negros ultramasivos?
El crecimiento de estos gigantes cósmicos está estrechamente relacionado con el entorno en el que se encuentran. Los agujeros negros ultramasivos a menudo se encuentran en el centro de las Galaxias Centrales Más Luminiscentes (BCGs), situadas en los núcleos de los cúmulos galácticos.
Estas galaxias, caracterizadas por una extraordinaria luminosidad y densidad estelar, proporcionan el ”combustible” necesario para alimentar a los agujeros negros, es decir, el gas y la materia que orbitan en sus cercanías.
Según Priyamvada Natarajan, astrofísica de la Universidad de Yale, existe una correlación entre la masa de un agujero negro y la cantidad de estrellas en su galaxia anfitriona.
Este vínculo sugiere que los procesos de crecimiento de los agujeros negros y la formación estelar están interconectados.
Sin embargo, el crecimiento de los agujeros negros no es ilimitado: mecanismos de retroalimentación natural actúan para establecer un techo máximo a su masa.
El límite natural: un ciclo de retroalimentación reguladora
Cuando el gas es atraído hacia el agujero negro para alimentar su crecimiento, no todo es absorbido.
Una parte significativa es expulsada a través de poderosos chorros astrofísicos o “jets”, que pueden extenderse por decenas de miles de años luz más allá de la galaxia anfitriona. Estos chorros calientan y dispersan el gas circundante, impidiendo no solo el crecimiento adicional del agujero negro, sino también la formación de nuevas estrellas en las regiones centrales de la galaxia.
Este proceso, conocido como retroalimentación astrofísica, crea un ciclo auto-limitante.
Con menos gas disponible para alimentar al agujero negro, su crecimiento se ralentiza y se acerca a un límite máximo.
Según los estudios realizados por Natarajan y sus colegas, este límite podría ser de alrededor de 100 mil millones de masas solares, un umbral que haría de Phoenix A el agujero negro más grande posible según los conocimientos científicos actuales.
Implicaciones para la comprensión del universo
Los agujeros negros ultramasivos como Phoenix A y Ton 618 no son solo curiosidades cósmicas, sino también elementos clave para comprender la evolución del universo.
Estas enormes entidades influyen profundamente en sus galaxias anfitrionas, determinando la formación estelar, la distribución del gas e incluso la interacción entre galaxias dentro de un cúmulo. La investigación continúa, combinando datos de observatorios avanzados como el Telescopio Espacial James Webb (JWST) y el satélite Euclid, para mapear y estudiar en detalle a estos gigantes cósmicos.
Gracias a estas tecnologías, los científicos esperan responder preguntas fundamentales sobre el origen y la evolución de los agujeros negros más masivos del universo.




