
Las perturbaciones, por el momento, no parecen tener intención de llegar a Italia: en consecuencia, faltarán tanto lluvias como nevadas tanto en este final de 2024 como al inicio de 2025. Después de un Año Nuevo estable y tranquilo de Norte a Sur, aunque con niebla a ratos densa en el Valle del Po, habrá un importante cambio de circulación en Europa y, en general, en gran parte del hemisferio boreal.
El hielo polar tenderá a derramarse sobre el norte de Europa y Rusia, generando un imponente reservorio frío en las capas bajas, que en las próximas semanas podría tener importantes repercusiones en el Mediterráneo.
Un reservorio frío en Europa
Este reservorio gélido se consolidará ya en los primeros días de enero, por lo que su formación parece ya cierta y confirmada. Sin embargo, la llegada de este gran frío a Italia no es segura, ya que para alcanzar latitudes más bajas serán necesarios otros movimientos a macroescala entre el Atlántico y Europa occidental. El modelo americano GFS muestra claramente esta posibilidad: la alta presión de las Azores podría consolidarse en todo el Atlántico centro-norte, alcanzando las latitudes subpolares entre Groenlandia, Islandia y Gran Bretaña.
Esta posición de la alta presión favorecería la bajada del frío polar sobre Europa central y, posteriormente, sobre el Mediterráneo, ya cerca de la Epifanía.
Posibles nevadas entre el 7 y el 12 de enero
El giro inesperado podría ocurrir entre el 7 y el 12 de enero: parte del hielo situado en Europa centro-oriental podría derramarse en el Atlántico oriental, interactuando con las perturbaciones atlánticas. Así se crearía uno de los clásicos corredores gélidos, que llevaría las perturbaciones atlánticas hacia Europa occidental y el Centro-Norte de Italia, garantizando nevadas a muy baja altitud o incluso en llanura en las regiones del Norte y, localmente, también en el Tirreno centro-norte. La conexión entre el Atlántico y el hielo del Este suele ser muy productiva en términos de nieve en llanura en las regiones del Norte, como ha ocurrido a menudo en el pasado.
Sin embargo, esta configuración climática en los últimos años se ha mostrado menos frecuente en comparación con el pasado.
Al parecer, enero podría volver a proponer este escenario, trayendo consigo una importante carga de nieve para nuestra península.





