
Sí, tendremos que pasar por un período de estabilidad atmosférica, una especie de reajuste barométrico en espera de que suceda algo nuevo.
Y efectivamente sucederá algo, porque en Europa se vivirá un inicio de 2025 marcado por el gran frío.
Por no decir marcado por el hielo.
En este punto, la pregunta es la siguiente: ¿qué consecuencias climáticas tendremos? Bueno, tendremos que esperar unos días más.
Unos días para entender si la reubicación de Altas y Bajas Presiones en el tablero continental será propicia para nuevos eventos también aquí.
Hablamos de eventos invernales, considerando que el aire helado llegará a rozar los Alpes, invadiendo prácticamente toda Europa excepto los sectores meridionales. Alguien podría objetar que se trata de una configuración típica de un Vórtice Polar fuerte, es decir, hielo relegado a altas latitudes y Italia bajo la campana anticiclónica.
No, no es así.
O al menos, no se trata de la configuración canónica “come Invierno”, o al menos por el momento no parece capaz de llevar al habitual dictado anticiclónico. En nuestra opinión, para la Epifanía podríamos presenciar un nuevo cambio de tiempo, un cambio que podría tener nuevamente consecuencias fuertemente invernales.
Podría tratarse de una ola de frío de origen polar, tal vez similar a lo que ocurrió en los días anteriores. Pero si algunas piezas encajan de la manera correcta, no excluimos que pueda ocurrir un evento mucho más pesado y significativo, concretamente una nueva invasión ártica aún más consistente de lo que está ocurriendo actualmente.
También porque en ese caso la dirección del frío podría ser diferente, digamos más meridiana y por lo tanto capaz de invadir con fuerza el Mediterráneo. Y es por eso que somos optimistas, y es por eso que no creemos en absoluto en una continuación del período anticiclónico.
Esta última hipótesis debe ser contemplada, debe ser tomada en serio, sin embargo, por el momento no parece ser la prevalente. No parece serlo ni siquiera en las interpretaciones de los diversos modelos de previsión, de los cuales se deduce una marcada dinámica atmosférica que choca fuertemente con la estática registrable en presencia de una Alta Presión de cierto tipo.
Que luego, seamos claros, las sequías de enero forman parte de la estadística mensual, por lo que incluso si se presentara un período prolongado anticiclónico no habría nada extraño. Sería extraño un enero templado, seco, sin oportunidades ni para nieve ni para lluvias y tal vez con temperaturas superiores a las medias estacionales.
Bueno, en este momento no parece haber ese riesgo, luego tal vez nos equivoquemos, quién sabe…





