
Sorpresas dictadas por una sinóptica bien conocida para quienes, como nosotros, se ocupan diariamente de determinadas dinámicas. Sin embargo, dado que pronto tal evolución entrará de lleno en la crónica meteorológica, ya estamos proyectados más allá.
Sí, así es, estamos proyectados a Enero y por qué no, también a Febrero.
La pregunta que nos estamos haciendo es la siguiente: ¿habrá espacio para un evento gélido digno de tal nombre? Para responder, es evidente, debemos necesariamente recurrir a herramientas que van más allá de la mera interpretación modelística.
O mejor dicho, no podemos absolutamente confiar en los modelos deterministas, aquellos que, para entendernos, miran al medio y corto plazo.
Pero también, en algunos casos, al largo plazo. Para poder responder a la pregunta debemos por lo tanto mirar a otro lado, específicamente a los diversos patrones climáticos capaces de incidir más o menos fuertemente en el destino del Vórtice Polar.
Vórtice Polar que en este momento está intentando, como de costumbre, tomar el control condicionando negativamente la temporada invernal. Ha sucedido en los últimos años, podría suceder nuevamente.
Es superfluo decir que la potencia del Vórtice Polar es atribuible a los evidentes cambios climáticos que están impactando fuertemente en el Círculo Polar Ártico, donde el Verano representa una temporada extremadamente perjudicial.
Perjudicial por la enorme fusión del hielo marino, que para ser recompuesto necesita de un Invierno extremadamente frío en altas latitudes. Y es por este motivo que el Vórtice Polar gira a mil, precisamente para intentar recomponer el pesado déficit Ártico.
Pero este año las cosas podrían ser diferentes, este año tenemos un elemento más sobre el cual reflexionar, es decir, la Niña.
La Niña que podría condicionar, no poco, el resultado de los próximos 2 meses, por lo tanto Enero y Febrero. Sí, así es, podría incidir en el estado de salud del Vórtice Polar que podría no tener manera de influir en la troposfera y en ese punto eventos de calentamiento estratosférico podrían estar a la vuelta de la esquina. Eventos que debilitarían el propio Vórtice, incluso podrían causar su ruptura y entonces el frío se lanzaría a latitudes medias. Entonces sí, entre Enero y Febrero podríamos presenciar dinámicas de otros tiempos, dinámicas que podrían desencadenar un evento gélido potente, capaz de hacer nevar en toda Italia, incluso en costas y ciudades como Roma, Cagliari, Palermo.
Aquí, precisamente, este sería el verdadero evento gélido, aquel cuyos tiempos de retorno – como ya se ha señalado ampliamente en tiempos no sospechosos – ya estarían maduros.





