Un agujero negro primordial, viajando a una velocidad de más de 7.000 veces la del sonido, podría atravesar nuestro sistema solar, influyendo ligeramente en la órbita de Marte.Si este fenómeno fuera confirmado, representaría un avance en la comprensión de la materia oscura, uno de los mayores misterios del universo. Se piensa que los agujeros negros primordiales se formaron en los primeros instantes posteriores al Big Bang, y difieren notablemente de los agujeros negros astrofísicos más conocidos, como Sagittarius A, el agujero negro supermasivo situado en el centro de la Vía Láctea.
Mientras que Sagittarius A tiene una masa equivalente a 4,3 millones de veces la del Sol, los agujeros negros primordiales hipotetizados tendrían tamaños extremadamente reducidos y masas comparables a las de un asteroide o una pequeña luna. Algunos científicos hipotetizan que estos pequeños agujeros negros podrían constituir la materia oscura, la misteriosa sustancia que parece constituir alrededor del 85% de la masa del universo.
Sin embargo, otros sugieren que estos agujeros negros ya se habrían evaporado con el tiempo a través de la emisión de la radiación de Hawking, y por lo tanto no podrían ser los principales candidatos para la materia oscura en el universo actual. Un equipo de físicos ha propuesto un método innovador para resolver esta controversia: monitorear con precisión la órbita marciana.
Si los agujeros negros primordiales constituyeran efectivamente la materia oscura, deberían atravesar el sistema solar aproximadamente una vez cada década, causando una leve alteración en la órbita de Marte, detectable con las tecnologías actuales.
El Planeta Rojo ofrece un objetivo ideal para observar estas anomalías orbitales gracias a la documentación precisa de su órbita. Tradicionalmente, la investigación sobre la materia oscura se ha centrado en la búsqueda de partículas aún no descubiertas, como los WIMP (Weakly Interacting Massive Particles), pero la falta de pruebas concretas ha llevado a la comunidad científica a explorar alternativas, incluida la hipótesis de que la materia oscura podría estar constituida por agujeros negros primordiales. A diferencia de los agujeros negros estelares, que se forman a partir del colapso de estrellas masivas, o de los agujeros negros supermasivos, que se forman mediante fusiones de objetos cada vez más grandes, los agujeros negros primordiales se habrían originado a partir de las densidades elevadas presentes en el universo primordial.
La rápida expansión del cosmos habría distribuido luego estos objetos a través del espacio. El equipo de investigación ha estimado la frecuencia con la que un agujero negro primordial podría teóricamente atravesar el sistema solar, basándose en la cantidad estimada de materia oscura presente en la región alrededor del Sol.
Según estos cálculos, Marte resultaría ser el mejor candidato en comparación con la Tierra o la Luna para observar los efectos de tales pasajes. A pesar de que las desviaciones previstas en la órbita de Marte son mínimas en comparación con las distancias astronómicas involucradas – Marte se encuentra a más de 225 millones de kilómetros de la Tierra – los instrumentos actualmente utilizados para monitorear el planeta podrían ser capaces de identificar tales leves variaciones orbitales en las próximas décadas.
Sin embargo, incluso si se observara una desviación, sería necesario confirmar que fue efectivamente causada por un agujero negro primordial y no, por ejemplo, por un asteroide que pasara con una masa similar.
Si se detecta y confirma, este descubrimiento podría representar una pista crucial para comprender la naturaleza de la materia oscura, abriendo nuevas perspectivas sobre uno de los mayores misterios del universo moderno.
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