
A pesar de los esfuerzos significativos de la comunidad científica para determinar la proximidad de tales umbrales, un estudio reciente ha destacado una incertidumbre sustancial: no podemos saber con precisión cuán cerca estamos de estos puntos críticos, ni cuantificar exactamente las emisiones de carbono necesarias para activarlos. Los sistemas complejos, como el climático, pueden pasar de un estado de relativa estabilidad a otro muy diferente y a menudo irreversible.
Un ejemplo es la transformación de la selva tropical en sabana si las condiciones se vuelven demasiado áridas.
Incluso si la humedad original regresara, la selva tropical no se regeneraría sin intervenciones externas significativas. Algunos de los puntos de no retorno más preocupantes incluyen la transformación del Amazonas en sabana y el retroceso irreversible de los glaciares más allá de ciertos umbrales críticos.
Otros fenómenos preocupantes son el derretimiento acelerado del permafrost en la tundra y de los hidratos de metano en los océanos, además del colapso de la Circulación Meridional del Atlántico (AMOC) y la posible disolución de las nubes estratocúmulos. Estos umbrales se han superado en el pasado y tenemos observaciones recientes que muestran eventos similares a menor escala.
La adición continua de gases de efecto invernadero en la atmósfera podría desencadenarlos todos simultáneamente, haciendo la vida insostenible para gran parte de la humanidad. Sin embargo, según los autores del estudio, es difícil determinar qué provocaría exactamente cada uno de estos posibles cambios radicalmente desestabilizadores.
Identifican tres principales fuentes de incertidumbre en las estimaciones: los modelos físicos utilizados pueden ser demasiado simplificados; las observaciones sobre los sistemas relevantes podrían no ser completamente representativas; los datos históricos disponibles son insuficientemente extensos tanto geográficamente como temporalmente. Profundizando en el ejemplo del AMOC – esencial para mantener templadas las temperaturas en el norte de Europa – un estudio anterior había previsto su posible colapso entre 2025 y 2095 si las emisiones continuaran al ritmo actual.
Sin embargo, esta ventana temporal es considerada aún demasiado imprecisa por los autores del estudio actual, quienes sugieren que tal evento podría ocurrir en cualquier momento entre 2050 y 8065 basándose en diferentes metodologías predictivas con suposiciones iniciales diferentes; una de las metodologías sugiere incluso que el AMOC podría no sufrir ningún colapso definitivo. Los autores subrayan cómo estas incertidumbres son aplicables a cualquier intento futuro de prever cuándo los componentes clave del sistema terrestre podrían alcanzar puntos críticos basándose en los datos históricos disponibles.
La investigación sirve así como advertencia pero también como relato cauteloso: hay dinámicas que aún no podemos prever con precisión y es fundamental invertir en mejores capacidades de observación y una comprensión más profunda de los sistemas involucrados dado el alto riesgo asociado a las previsiones no fiables.






