
La elección de experimentar con el cultivo de mangos es parte de un experimento estatal más amplio destinado a combatir los cambios climáticos que están transformando el paisaje agrícola griego. A pesar de que esta región recibe más lluvia en comparación con otras áreas de Grecia, aquí también se sienten con fuerza los efectos de la sequía.
Después de un invierno particularmente cálido, el más cálido jamás registrado, y temperaturas de verano que han alcanzado picos sin precedentes desde 1960, con junio y julio tocando los 40 grados Celsius, la situación hídrica se ha vuelto crítica.
Desde el mes de marzo no llueve y esta ausencia de precipitaciones hace imposible el cultivo tradicional. En este contexto, el giro hacia frutas tropicales como mangos, aguacates, litchis, chirimoyas y nueces de macadamia, parece una elección estratégica, ya que se consideran más resistentes al creciente calor del Mediterráneo. Las frutas exóticas se están adaptando tan bien al nuevo entorno que ya se prevé ampliar los lotes de terreno dedicados a estos cultivos tropicales. Esta iniciativa es parte de un estudio realizado por el instituto estatal de agricultura griego Demeter, que tiene como objetivo determinar si las frutas tropicales pueden representar una solución al inminente problema de la sequía en el país.
Sin embargo, como subraya Teresa Tzatzani, supervisora del estudio, aunque son prometedoras, estas frutas no son una solución milagrosa. La investigación continúa para encontrar nuevas formas de enfrentar los cambios climáticos y sacarles provecho, en un contexto en el que las temperaturas más altas durante todo el año parecen favorecer estos cultivos. A pesar del entusiasmo y las iniciativas positivas, la transición hacia la producción de frutas tropicales requiere tiempo y no está destinada a reemplazar completamente los productos locales tradicionales como las olivas o las naranjas, sino más bien a integrarlos, ampliando así las posibilidades para que los agricultores se adapten a un clima en rápido cambio.




