
Estos eventos atmosféricos han provocado lluvias torrenciales y granizadas, con consecuentes inundaciones de calles y viviendas, requiriendo una intervención masiva de los bomberos. En particular, en Estiria, una tormenta nocturna descargó hasta 100 milímetros de lluvia por metro cuadrado en pocas horas sobre terrenos ya saturados de agua.
Esto causó inundaciones repentinas que arrasaron con todo a su paso.
El pueblo de Thörl fue uno de los más afectados, quedando completamente sumergido por el agua, con daños considerables a las estructuras e infraestructuras. Paralelamente, en Carintia, la situación no era menos grave.
La ciudad de Friesach registró su primera noche tropical en la historia de las mediciones meteorológicas, con temperaturas que no bajaron de los 20 grados Celsius durante la noche.
Este calor sofocante contribuyó a la formación de nuevas tormentas y granizadas, con granizos que alcanzaron los 5 centímetros de diámetro.
Las consecuencias fueron severas, con calles bloqueadas por deslizamientos de tierra y sótanos inundados. Durante la noche, los bomberos fueron llamados a intervenir en numerosos casos de emergencia.
En total, alrededor de 600 bomberos fueron movilizados para gestionar más de 130 intervenciones en pocas horas.
Los daños generales fueron extensos, con muchas comunidades que sufrieron interrupciones en las comunicaciones y en los servicios esenciales. Además, en algunas áreas de Estiria, como entre Seckau y Kobenz, las calles fueron nuevamente sumergidas, complicando aún más los esfuerzos de rescate y recuperación.
También estructuras como establos y viviendas sufrieron daños significativos, con techos destrozados e infiltraciones de agua que requirieron intervenciones inmediatas para prevenir más daños.
Estos eventos ponen de relieve la vulnerabilidad de ciertas regiones a fenómenos meteorológicos extremos, subrayando la necesidad de estrategias de adaptación y prevención más eficaces para proteger a las comunidades y las infraestructuras.





