
El astrofotógrafo Michael Karrer, el 30 de noviembre, inmortalizó, gracias a un telescopio Celestron de 20 centímetros, dos enormes tormentas blancas en la Banda Ecuatorial Sur (BES), un área del planeta típicamente caracterizada por nubes oscuras.
Estos fenómenos meteorológicos tienen el potencial de transformar visiblemente el aspecto del planeta, atenuando el color marrón óxido que caracteriza esta banda.
El tamaño y el impacto de las tormentas
Las tormentas observadas son de dimensiones impresionantes, tales que podrían “tragarse la Tierra con espacio de sobra”, según lo informado por John Rogers, experto en Júpiter de la British Astronomical Association.
Se extienden por aproximadamente 100 kilómetros bajo la superficie turbulenta del planeta, haciendo evidente su potencia y alcance. A pesar de su magnificencia, estas tormentas no poseen la longevidad de la célebre Gran Mancha Roja, un ciclón estable que perdura desde hace siglos.
Las nuevas tormentas, de hecho, sufrirán una progresiva disgregación, con sus colores blancos mezclándose con las nubes circundantes, llevando a un lento desvanecimiento de la BES.
Eventos similares se han producido en el pasado, como entre 1973 y 1991, y más recientemente en 2010, cuando la banda pareció “desaparecer” debido a la dilución de su color.
Relámpagos verdes: una característica única
Un aspecto particularmente fascinante de estas tormentas es la presencia de relámpagos verdes, un fenómeno debido a la composición de la atmósfera de Júpiter, rica en amoníaco.
Esta característica distingue los relámpagos jovianos de los terrestres, que aparecen azules debido al vapor de agua. La sonda Juno de la NASA ya había documentado relámpagos verdes en diciembre de 2020, proporcionando valiosa información sobre la dinámica atmosférica del planeta.
Un fenómeno visible también desde la Tierra
La extraordinaria cercanía de Júpiter a la Tierra durante la reciente oposición, cuando los dos planetas se encuentran alineados en el lado opuesto respecto al Sol, ha hecho que el gigante gaseoso sea particularmente luminoso.
Esto ha permitido también a los observadores aficionados admirar el planeta en la constelación de Tauro.
Con instrumentos relativamente simples, como binoculares o pequeños telescopios, ha sido posible escrutar sus características bandas ecuatoriales e incluso identificar los cambios provocados por las tormentas.
La BES: un área en continua evolución
La Banda Ecuatorial Sur de Júpiter es una de las regiones atmosféricas más dinámicas del sistema solar.
Eventos como las tormentas blancas observadas no solo son espectaculares, sino también cruciales para comprender las complejidades climáticas del planeta.
Los fenómenos tormentosos a gran escala ya han demostrado en el pasado poder alterar significativamente el aspecto del planeta, diluyendo los colores distintivos de la banda con el blanco de las nubes tormentosas. Esta constante evolución hace de Júpiter un sujeto de estudio privilegiado, capaz de fascinar tanto a los científicos como a los aficionados a la astronomía. Las tormentas blancas recién documentadas representan la enésima demostración de la complejidad y la belleza del clima en un planeta tan distante, pero siempre capaz de ofrecer sorpresas a quienes lo observan.




