
Estos fenómenos, aunque excepcionales, no están del todo ausentes de la historia meteorológica del Centro-Sur de Italia, y ocurren en condiciones climáticas particulares que combinan aire frío ártico y corrientes húmedas mediterráneas.
La excepcional nevada de febrero de 2018
El episodio más reciente se remonta a finales de febrero de 2018, cuando entre el 26 y el 27 del mes, ambas ciudades se despertaron bajo un manto blanco. En Roma y Nápoles se registraron acumulaciones de 10-15 centímetros, un evento que causó particular sorpresa en Nápoles, donde las nevadas con acumulación son más inusuales en comparación con la capital.
También localidades cercanas como el litoral del Lacio, la isla de Procida (donde la nieve no se veía desde 1956) y zonas del Casertano fueron afectadas por el fenómeno.
Las causas de esta nevada excepcional se atribuyeron a la llegada de aire gélido proveniente de Rusia, que se encontró con corrientes húmedas provenientes del Mediterráneo, creando las condiciones perfectas para intensas precipitaciones de nieve.
Otros eventos históricos de nevadas simultáneas
Febrero de 1956: un mes memorable
Otro episodio significativo ocurrió en febrero de 1956, cuando tanto Roma como Nápoles fueron golpeadas por intensas nevadas.
En Nápoles, las acumulaciones alcanzaron los 20 centímetros, un dato extraordinario para una ciudad frente al mar.
En la capital, en cambio, el mes se caracterizó por repetidas nevadas y temperaturas constantemente bajo cero.
Marzo de 1971 y enero de 1985
En marzo de 1971, una ola de frío trajo nieve primero a Nápoles y, dos días después, a Roma, con escenarios que quedaron grabados en la memoria colectiva.
Sin embargo, es enero de 1985 el que se recuerda como la “nevada del siglo” en la capital.
Durante la Epifanía, la nieve cayó copiosamente sobre Roma, con acumulaciones de 15 centímetros, creando imágenes icónicas de monumentos como el Coliseo y la Plaza de San Pedro envueltos en blanco.
Febrero de 2012: la última gran sorpresa
Otro episodio notable es el de febrero de 2012, cuando ambas ciudades fueron golpeadas por nevadas de diversa intensidad.
Entre el 3 y el 4 de febrero, Roma vio acumulaciones de hasta 20 centímetros, mientras que Nápoles experimentó nevadas menos consistentes pero aún significativas, considerando su latitud y las condiciones climáticas típicas.
Un encanto que va más allá de la meteorología
Las nevadas que cubren simultáneamente Roma y Nápoles crean escenarios inusuales, en ciudades conocidas por sus inviernos generalmente suaves.
Cada evento deja una marca profunda en la memoria colectiva, inspirando fotografías, relatos e incluso canciones que perpetúan el recuerdo de estos momentos extraordinarios. Al mismo tiempo, estos fenómenos plantean notables desafíos logísticos: ambas ciudades, poco acostumbradas a tales condiciones, luchan por gestionar la movilidad y los servicios esenciales durante las nevadas más intensas. No obstante, el entusiasmo de los ciudadanos a menudo supera las molestias, transformando estos eventos meteorológicos en ocasiones para celebrar la belleza única de un paisaje inesperado.
Con los monumentos históricos envueltos en nieve, tanto Roma como Nápoles ofrecen espectáculos de rara sugestión, demostrando cómo la naturaleza puede reinventar incluso las ciudades más icónicas.





