
En los últimos años, las regiones montañosas de los Apeninos y los Alpes han experimentado inviernos pobres en nieve, especialmente en las áreas centro-meridionales: un desastre meteorológico y climático muy serio.
Esta escasez de precipitaciones nevadas ha estado principalmente ligada a condiciones desfavorables a largo plazo.
Las nevadas que antes eran comunes incluso a bajas altitudes se han concentrado progresivamente en los relieves más altos, como el Gran Sasso y la Maiella, con acumulaciones significativas limitadas a pocos eventos aislados.
No es solo la belleza: la nieve es muy útil en todos nuestros relieves.
Inviernos suaves y los efectos en los Apeninos
En los últimos años, los Apeninos han registrado inviernos caracterizados por temperaturas suaves y una clara reducción de las nevadas.
El aumento de las temperaturas medias invernales, atribuible al calentamiento global, ha incentivado la formación de anticiclones persistentes.
Estas figuras meteorológicas han mantenido a menudo el cero térmico a niveles más propios del verano, haciendo que las condiciones para la nieve a cotas medias y bajas sean cada vez más raras y cuando hay, el manto desaparece rápidamente.
Las consecuencias de esta tendencia no se han limitado al paisaje montañoso, sino que han tenido graves consecuencias también en la economía de las localidades turísticas.
Muchos centros montañosos, tradicionalmente ligados al turismo invernal, han tenido que buscar estrategias alternativas para mantener su atractivo.
Las dinámicas de las nevadas en los Apeninos
Las nevadas en los Apeninos están fuertemente influenciadas por la dirección de las corrientes atmosféricas.
Las perturbaciones provenientes del Atlántico, que llegan desde el oeste, favorecen las nevadas en el lado tirreno, afectando regiones como Lacio, Toscana y Campania.
Por el contrario, las corrientes frías orientales, como la Tramontana o el Grecale, traen abundantes nevadas en el lado adriático, afectando áreas como Abruzzo, Molise y Marcas.
Estas diferencias climáticas entre los lados de los Apeninos generan a menudo situaciones de claro contraste.
Por ejemplo, durante una ola de Grecale, ciudades costeras como Pescara o Rímini pueden encontrarse cubiertas de nieve, mientras que ciudades como Roma o Florencia permanecen bajo cielos despejados o con débiles precipitaciones lluviosas.
Cambios climáticos y empobrecimiento en los Alpes
Incluso los Alpes, aunque se beneficiaron de una generosa temporada invernal el año pasado, no son inmunes a los efectos del cambio climático.
El aumento de las temperaturas invernales y la creciente variabilidad atmosférica hacen que cada temporada sea única e impredecible.
Los últimos años han visto inviernos decepcionantes para los Alpes, con temporadas como las de 2015, 2016, 2020 y 2022 marcadas por escasas nevadas. Si excluimos una larguísima fase nevada desde el final del invierno de 2024 y parte de la primavera, las fases nevadas duran cada vez menos…





