
Además de natural. A pesar de la conciencia de que la temporada mediterránea no era en absoluto comparable a otras áreas del hemisferio norte, puntualmente se producían olas de frío de cierta magnitud. 3-4 irrupciones dignas de mención, a menudo de origen ártico, capaces de traer nieve abundante a las montañas pero a veces también a baja altitud.
Luego sí, para que pudiera nevar en ciertas zonas de la península, debían ocurrir configuraciones barométricas particulares, aquellas que, para entendernos, daban lugar al verdadero evento invernal. Años pasados a la historia, léase 1956, 1985, 2012 pero también otros años menos conocidos pero no por ello menos importantes, necesitaban condiciones de cierto tipo.
Por ejemplo, la desestructuración del Vórtice Polar, o tal vez la extensión en Europa del Anticiclón Ruso-Siberiano. A veces bastaba menos para que pudiera nevar en las costas tirrénicas, o tal vez en Roma, Nápoles, Cagliari, Palermo.
Nos viene a la mente 1999, solo por citar un año que muchos recuerdan pero que otros olvidan.
El 2012, luego, fue un año particular, porque a pesar de un Vórtice Polar de cierta magnitud, se crearon las condiciones ideales para una ola de frío y nieve con pocos precedentes. ¿Y entonces por qué no creer que el Invierno pueda reservar otras sorpresas? ¿Cuántos habrían apostado, por ejemplo, por un Diciembre tan dinámico? Probablemente pocos. Que la Alta Presión esté tomando el control es innegable, es claro para todos, es evidente.
Así como es evidente que el riesgo de persistencia está a la vuelta de la esquina.
Pero es bueno recordar una cosa, es decir, que las “sequías de Enero” siempre han existido. Un período de estabilidad atmosférica, a principios de año, es estadísticamente contemplable. A menudo se olvida que el período más propicio para el frío y la nieve es el que se encuentra entre la última década de Enero y Febrero. De hecho, los años mencionados al principio -excepto 1985- vieron a Febrero como el protagonista indiscutible del Invierno.
Sin olvidar Marzo, que cuando se pone, puede hacerlo aún mejor.
O peor, dependiendo del punto de vista. Por esto y por muchos otros motivos creemos que dar todo por sentado es un error. Afirmar desde ahora que el Invierno ha terminado es un error clamoroso.
Estamos cada vez más convencidos de que de aquí al final de la temporada habrá espacio para un evento gélido de magnitud, con efectos en Italia que no se han visto en mucho tiempo.





