
Durante el sueño nocturno, atravesamos varios ciclos de sueño, cada uno de los cuales dura aproximadamente cuatro horas e incluye varias fases: el sueño ligero, el sueño profundo y la fase REM (Rapid Eye Movement).
Esta última es una fase de intensa actividad cerebral, a menudo asociada a despertares breves y espontáneos. Si uno se duerme alrededor de las 23:00, es natural despertarse alrededor de las 3:00, cuando el primer ciclo termina.
Por lo general, estos despertares son tan breves que no nos damos cuenta.
Sin embargo, en condiciones de estrés o ansiedad, estos momentos de vigilia pueden prolongarse, convirtiéndose en verdaderos períodos de insomnio, donde nos encontramos rumiando sobre problemas o preocupaciones.
De noche, de hecho, nuestras capacidades racionales tienden a ser menos activas, haciendo que los pensamientos sean más angustiosos y los problemas más grandes de lo que realmente son. Una de las principales razones de estos despertares prolongados es el hecho de que, durante la noche, no podemos enfrentar o resolver activamente nuestras preocupaciones, como lo hacemos durante el día. Esto nos lleva a rumiar sin poder encontrar soluciones concretas, ya que las estrategias habituales no son aplicables mientras estamos en la cama. Para reducir este ciclo de pensamientos intrusivos se puede intentar practicar la meditación mindfulness, concentrando la atención en la respiración o en los sentidos, como método para calmar la mente y favorecer la relajación. Si la meditación no es suficiente para volver a dormirse, otra estrategia útil es leer un libro, que puede ayudar a distraer el cerebro de los pensamientos recurrentes y las ansiedades, incluso irracionales, que a menudo se presentan en las horas pequeñas.
Este simple acto de concentración en una lectura puede de hecho romper el ciclo de las preocupaciones, permitiendo que la mente se relaje y facilitando el retorno al sueño.






