En las regiones marcianas, como Dao Vallis, inmortalizadas por el Orbitador de Reconocimiento de Marte, se han identificado áreas blancas que podrían ser depósitos de hielo polvoriento.
Este hielo podría ofrecer refugio a eventuales formas de vida, protegiéndolas de la radiación letal que impregna la superficie del planeta, pero dejando filtrar la luz necesaria para sostener los procesos vitales.
Esta teoría ha sido avanzada por un grupo de astrobiólogos comprometidos en el estudio de las condiciones favorables para la vida en Marte. A pesar de casi cinco décadas de misiones a Marte a través de landers y rovers, la búsqueda de rastros de vida aún no ha proporcionado pruebas definitivas.
Sin embargo, Marte presenta una notable diversidad geográfica, y vastas áreas aún quedan por explorar.
Recientemente, la atención se ha desplazado hacia la provincia de Tharsis y las latitudes medias, donde se han identificado depósitos de hielo mezclado con polvo. Uno de los principales obstáculos para la vida en Marte es la prolongada falta de agua líquida, pero no es el único desafío ambiental.
A diferencia de la Tierra, Marte no dispone de un campo magnético o de una atmósfera lo suficientemente densa para proteger de las radiaciones dañinas, que podrían dañar rápidamente el ADN.
En consecuencia, una hipotética vida marciana debería poseer un código genético extraordinariamente resistente o encontrar otras formas de protección. El Dr.
Aditya Khuller del Caltech y sus colegas han observado que los depósitos de hielo en latitudes medias podrían representar una solución: tales capas de hielo podrían bloquear las radiaciones UV, funcionando como un sustituto de la atmósfera terrestre.
Algunos organismos terrestres logran sobrevivir en condiciones similares, utilizando la luz filtrada a través del hielo para alimentar sus reacciones químicas vitales. Los investigadores también han introducido el concepto de “zona habitable radiativa,” análoga a la zona habitable planetaria alrededor de las estrellas, donde las condiciones no son ni demasiado calientes ni demasiado frías.
En Marte, esta zona habitable radiativa se encuentra a pocos centímetros bajo la superficie del hielo.
Si el hielo contiene un bajo porcentaje de polvo, la zona habitable se extiende entre los 5 y los 38 cm bajo la superficie; con hielos más puros, puede llegar hasta 2-3 metros de profundidad. En determinadas circunstancias, como en las zonas marcianas que corresponden a nuestras zonas templadas, el hielo polvoriento podría derretirse incluso cuando las temperaturas superficiales superan los 0°C.
Esto resolvería temporalmente el problema de la ausencia de agua líquida en Marte. A pesar de estas perspectivas prometedoras, hay obstáculos significativos: pequeñas variaciones en la cantidad de polvo sobre o dentro del hielo podrían desplazar rápidamente la zona habitable radiativa, haciendo difícil para eventuales microorganismos adaptarse a cambios tan rápidos, como ocurre en la Tierra con los cambios climáticos. Los investigadores sugieren que, incluso si las muestras recogidas por el rover Perseverance no revelaran rastros biológicos, no deberíamos abandonar la exploración marciana.
Más bien, deberíamos redefinir los objetivos en base a los datos emergentes de las investigaciones actuales. Este estudio ha sido publicado en Communications Earth and Environment.







