
Este estudio bienal se basa en el Índice del Planeta Vivo desarrollado por la Sociedad Zoológica de Londres, que ha analizado alrededor de 35.000 poblaciones de 5.495 especies de vertebrados desde 1970 hasta 2020.
El informe destaca una disminución media del 73% en el tamaño de las poblaciones monitoreadas, una cifra que representa una señal de alarma para la biodiversidad global. Es importante notar que esta disminución no equivale a la desaparición total de especies o poblaciones, sino que indica una reducción en su tamaño medio.
Sin embargo, la gravedad de este dato no puede ser subestimada, ya que sugiere un profundo impacto en la resiliencia de los ecosistemas y en la capacidad de las especies para adaptarse a los cambios ambientales. Poblaciones de fauna de agua dulce más afectadas Las poblaciones de fauna silvestre de agua dulce han sufrido las pérdidas más significativas, con una disminución del 85%.
Siguen las poblaciones de animales terrestres con una reducción del 69%, y las marinas con un declive del 56%. Estas disminuciones son el resultado de una compleja interacción de factores, entre los que se incluyen la degradación de los hábitats, la explotación excesiva de los recursos naturales, la introducción de especies invasoras, las enfermedades y, cada vez más, los efectos de los cambios climáticos. Disparidades regionales: América Latina y el Caribe entre las más afectadas América Latina y el Caribe han registrado el declive más dramático, con una reducción del 95% de las poblaciones de vertebrados desde 1970.
Este declive está estrechamente relacionado con la deforestación y los impactos climáticos, que en estas regiones están teniendo efectos particularmente devastadores.
Otro factor clave es el impacto de la enfermedad del quitridio, un hongo letal que ha devastado muchas poblaciones de anfibios.
Los cambios climáticos, al influir en la temperatura, han comprometido aún más el sistema inmunológico de estas especies, haciéndolas más vulnerables a las enfermedades. También en África, las poblaciones de fauna silvestre han sufrido una disminución media del 76%, señalando una crisis generalizada en muchos ecosistemas clave del planeta.
En comparación, América del Norte y Europa han registrado disminuciones menos severas, pero esto podría reflejar una “exportación” de los impactos ambientales hacia otras regiones o una degradación ya ocurrida antes de los años ’70. Raras señales positivas A pesar del panorama generalmente negativo, el informe destaca algunas señales de esperanza. Por ejemplo, los gorilas de montaña en la cadena montañosa de los Virunga en África oriental han visto un crecimiento anual del 3% entre 2010 y 2016.
También las poblaciones de bisontes europeos han crecido de manera significativa, pasando de cero a alrededor de 6.800 individuos entre 1970 y 2020. Estos éxitos demuestran que, con intervenciones de conservación específicas, es posible invertir la tendencia al declive.
Sin embargo, tales ejemplos positivos son raros y subrayan la necesidad de un compromiso global para proteger y restaurar la biodiversidad. Una alarma para la resiliencia de la naturaleza Las reducciones dramáticas en las poblaciones de fauna silvestre destacadas por el Living Planet Report son una clara señal de alarma sobre la fragilidad de los ecosistemas.
La pérdida de biodiversidad no solo debilita la capacidad de la naturaleza para adaptarse a los cambios climáticos, sino que también aumenta el riesgo de superar puntos críticos regionales irreversibles.
El informe subraya la urgencia de actuar para preservar la biodiversidad global y proteger los ecosistemas de daños futuros, ya que la resiliencia de la naturaleza es fundamental para la supervivencia de nuestro planeta y de las generaciones futuras.






