
Este fenómeno, conocido como evento de destrucción por marea (TDE), ha permitido a los científicos observar de cerca la desintegración de una estrella con una masa similar a la de nuestro Sol, convirtiendo este episodio en la prueba óptica más cercana jamás registrada de un TDE. Durante este evento, la estrella fue desgarrada en un largo filamento de material, y aproximadamente la mitad de ella fue absorbida por el agujero negro.
El análisis de la luz emitida reveló que parte de la materia desintegrada fue expulsada en forma de una nube esférica, impulsada por fuertes vientos generados por el agujero negro.
Estos escombros cósmicos impactaron en otro objeto que orbita alrededor del SMBH, cuya naturaleza sigue siendo incierta: podría tratarse de una estrella o de un agujero negro más pequeño, pero no es observable directamente. Sin embargo, se sabe que este objeto atraviesa los escombros de la estrella destruida aproximadamente cada dos días terrestres, generando explosiones periódicas de rayos X, observadas a través de los telescopios espaciales Chandra y NICER (Neutron Star Interior Composition Explorer).
Estas explosiones, denominadas erupciones casi periódicas (QPEs), se han registrado nueve veces hasta la fecha. El equipo de investigadores, dirigido por el Dr.
Matt Nicholl de la Universidad Queen’s Belfast, junto con colaboradores como el Dr.
Andrew Mummery de la Universidad de Oxford y el Dr.
Dheeraj Pasham del MIT, ha podido confirmar con mayor certeza que estas QPEs son producidas por el objeto orbitante durante su paso por los escombros creados por el TDE.
Aunque esto no garantiza que todas las QPEs tengan el mismo origen, la similitud con otros casos conocidos sugiere fuertes indicios sobre este mecanismo. Los científicos hipotetizan que las QPEs son menos frecuentes que los TDEs, aproximadamente solo una décima parte.
Este dato ofrece nuevas perspectivas sobre la estructura y la dinámica de los entornos que rodean a los agujeros negros supermasivos y sugiere una comprensión más profunda de la frecuencia con la que las estrellas entran en las zonas peligrosas de estos colosos cósmicos. La energía liberada por estas explosiones periódicas proviene de la energía potencial gravitacional del objeto orbitante.
La fricción generada por su paso a través de los escombros terminará por acercarlo progresivamente al agujero negro, hasta que sea inevitablemente devorado.
Si el objeto fuera una estrella, podríamos presenciar repetidos procesos de formación de discos de escombros, que a su vez podrían atraer a otras “presas”, dando lugar a una especie de ciclo de depredación cósmica. Este estudio, publicado en la revista Nature, ofrece una visión fascinante de la violencia y la complejidad de los procesos que ocurren alrededor de los agujeros negros y representa un paso importante en la comprensión de las interacciones entre estrellas y SMBH.






