
Gestionada por la Agencia Espacial Japonesa (JAXA), en colaboración con la Agencia Espacial Europea (ESA), la misión XRISM ha capturado detalles sin precedentes sobre la estructura, el movimiento y la temperatura del material que orbita alrededor de un agujero negro supermasivo, además de revelar nueva información sobre los restos de una supernova. Las observaciones proporcionan información crucial sobre cómo los agujeros negros crecen a través de la acreción de materia circundante, ofreciendo al mismo tiempo nuevas perspectivas sobre la vida y la muerte de las estrellas masivas.
El agujero negro supermasivo estudiado se encuentra en la galaxia NGC 4151, a unos 62 millones de años luz de la Tierra, mientras que los restos de la supernova N132D están situados a 160.000 años luz de distancia en la Gran Nube de Magallanes, una galaxia satélite de la Vía Láctea. El agujero negro supermasivo de NGC 4151 tiene una masa equivalente a 30 millones de veces la del Sol.
XRISM ha permitido a los astrónomos observar las dinámicas del disco de acreción que alimenta el agujero negro y un torus de gas y polvo situado a una distancia mayor.
Utilizando el análisis de las firmas de los rayos X emitidos por los átomos de hierro, los científicos han podido identificar la estructura y el movimiento del plasma alrededor del agujero negro, un detalle que ninguna misión anterior había logrado captar con tal precisión.
Este descubrimiento ofrece una visión profunda de cómo los agujeros negros supermasivos se “alimentan” de la materia circundante, un proceso fundamental para su crecimiento. También las observaciones sobre los restos de la supernova N132D han sido particularmente significativas.
Los restos se encuentran en una “burbuja” interestelar, expulsada hace unos 3.000 años por una estrella masiva.
La luz de esta explosión tardó 160.000 años en llegar a la Tierra.
Antes de las observaciones de XRISM, se pensaba que los restos de las supernovas se expandían uniformemente formando una esfera.
Sin embargo, los nuevos datos revelan que estos restos tienen una forma más compleja, similar a una rosquilla, desmintiendo la hipótesis de una simple expansión esférica. Estas primeras observaciones de XRISM demuestran las potencialidades de la misión para profundizar nuestra comprensión de los procesos cósmicos de alta energía, ofreciendo nueva información sobre objetos lejanos como agujeros negros y supernovas.
Los descubrimientos podrían ayudar a los científicos a comprender mejor los agujeros negros supermasivos y a revisar los modelos sobre las explosiones estelares, abriendo el camino a nuevas hipótesis sobre las dinámicas que regulan el universo.






