
Este sistema, conocido como LAMOST J2354, fue identificado gracias al telescopio espectroscópico multi-objeto LAMOST y se encuentra a unos 417 años luz de la Tierra.
Inicialmente, se creía que el cadáver estelar era una estrella de neutrones, pero nuevas pistas sugieren que podría tratarse de una enana blanca más grande de lo habitual. El estudio, disponible en el sitio Arxiv.org y en espera de revisión por el Open Journal of Astrophysics, se centra en cómo la estrella aún activa del sistema ha logrado sobrevivir tan cerca de una masa tan densa sin ser atraída o destruida. Michael A.
Tucker, jefe del equipo de investigación y estudioso en el Center for Cosmology and Astroparticle Physics de la Ohio State University (OSU), ha notado que la superficie de la estrella “viva” no muestra rastros de contaminación metálica, un fenómeno generalmente asociado con las supernovas que generan estrellas de neutrones. La ausencia de estos signos metálicos lleva a los científicos a suponer que la supernova podría no haberse producido en absoluto, o que la estrella compañera estaba lo suficientemente lejos como para no ser afectada por la explosión.
Generalmente, las órbitas se expanden después de una supernova, y la configuración actual del sistema sugiere que, si realmente fuera una estrella de neutrones, habría requerido un acercamiento muy preciso de la misma hacia su compañero. Las observaciones indican fuertemente que en el sistema LAMOST J2354 podría encontrarse una enana blanca masiva, pero los científicos aún no pueden descartar por completo la hipótesis de una estrella de neutrones sin estudios adicionales.
Las enanas blancas son restos extremadamente densos de estrellas similares a nuestro Sol, que, después de haber agotado su combustible nuclear, colapsan volviéndose más pequeñas y menos luminosas a medida que su masa aumenta debido a la alta densidad interna. Tucker también ha destacado las dificultades relacionadas con la modelización de la envoltura común en las evoluciones estelares binarias.
En este escenario, una de las dos estrellas se convierte en una gigante roja y las dos estrellas comparten temporalmente la misma envoltura gaseosa, que luego es expulsada, reduciendo la distancia entre las dos. El equipo está continuando con las investigaciones sobre esta fascinante configuración celeste, con el objetivo de comprender mejor los procesos evolutivos de los sistemas binarios estrechos y los mecanismos que permiten a la estrella menos masiva sobrevivir junto a su compañero más masivo sin fusionarse con él durante las fases críticas, como la de la envoltura común.






