
Sin embargo, descubrimientos científicos recientes sugieren que esta estrategia, en lugar de destruir el asteroide, podría funcionar más eficazmente si la detonación nuclear ocurriera a aproximadamente una milla de distancia de la superficie del asteroide, bombardeándolo con radiaciones X-ray. El evento que causó la extinción de los dinosaurios hace unos 66 millones de años demuestra cuán devastadores pueden ser los impactos cósmicos en la vida terrestre. Nathan Moore, físico en los Sandia National Laboratories en Albuquerque, ha subrayado recientemente cómo los asteroides representan aún hoy una amenaza real para nuestro planeta.
Un ejemplo reciente es el paso cercano del asteroide Apophis. En 2023, la misión DART de la NASA demostró la posibilidad de desviar un asteroide mediante el impacto de una nave espacial.
Aunque este enfoque funcionó con Dimorphos, un asteroide de aproximadamente 160 metros, los gigantes cósmicos de dimensiones comparables a montañas requieren una estrategia más poderosa. Películas como “Armageddon” y “Deep Impact” han sugerido el uso de armas nucleares para destruir asteroides en ruta de colisión.
Sin embargo, fragmentar un asteroide podría simplemente generar una serie de fragmentos peligrosos, transformando un solo proyectil letal en una lluvia mortal hacia la Tierra. Moore y su equipo han descubierto que el uso de bombas nucleares podría funcionar de manera más efectiva si se hacen explotar sobre la superficie del asteroide.
La detonación generaría un impulso de radiaciones X capaz de vaporizar parte de la roca superficial, creando un empuje que podría desviar el asteroide sin destruirlo. Para simular este escenario, el Sandia National Laboratory ha utilizado la máquina Z, la fuente de radiaciones más potente del mundo.
Esta máquina genera impulsos eléctricos y campos magnéticos extremadamente intensos, capaces de comprimir el gas argón hasta crear plasma, produciendo los rayos X necesarios para los experimentos. Moore explicó que, concentrando aproximadamente 80 billones de vatios en un espacio diminuto, es posible producir X-ray lo suficientemente energéticos como para calentar la superficie de un asteroide hasta temperaturas de decenas de miles de grados Celsius, proporcionando así el impulso necesario para modificar su trayectoria. Durante los experimentos, se utilizaron blancos de cuarzo y sílice fundida, materiales similares a la composición de los asteroides.
Estos blancos fueron acelerados naturalmente gracias a la exposición a los rayos X, simulando el efecto que una detonación nuclear podría tener en el espacio. Estas investigaciones ofrecen nuevas posibilidades en la defensa planetaria contra asteroides de gran tamaño, hasta 4 km de ancho.
La idea de utilizar una detonación nuclear a distancia para desviar el curso de un asteroide representa un avance significativo para evitar futuras catástrofes globales.






