
Publicado en la revista Nature, este descubrimiento marca un paso crucial en la comprensión de las dinámicas atmosféricas terrestres y abre nuevas posibilidades para explicar fenómenos similares en otros planetas, como Marte. Durante más de sesenta años, los científicos habían hipotetizado la existencia de un campo eléctrico global que pudiera aclarar el flujo de partículas que dejan la Tierra y se dirigen hacia el espacio, en particular desde los polos.
Este fenómeno, conocido como viento polar, ha sido objeto de estudios profundos y ha llevado a la identificación del campo ambipolar, un elemento clave para la estabilidad de la atmósfera terrestre y para la formación de la ionosfera. El primero de los campos conocidos, el campo gravitacional, mantiene la atmósfera anclada a la Tierra, evitando que se disperse en el espacio.
El campo magnético, o geomagnético, funciona en cambio como un escudo protector contra el viento solar, salvaguardando la vida en la superficie terrestre.
El campo ambipolar, recién descubierto, añade una nueva pieza a esta compleja interacción de fuerzas, demostrando ser tan esencial como los otros dos. El avance decisivo llegó con la misión Endurance de la NASA, que el 11 de mayo de 2022 lanzó un cohete suborbital desde Svalbard, en Noruega, alcanzando una altitud de aproximadamente 768 km.
Durante el vuelo, el instrumento a bordo detectó una variación de potencial eléctrico de 0,55 voltios a una altitud de 518 km, confirmando la existencia del campo ambipolar y proporcionando una explicación del viento polar.
Este campo, aunque increíblemente débil, tiene un impacto notable en la atmósfera, empujando partículas al espacio y aumentando la densidad de la ionosfera hasta el 271%. El descubrimiento tiene implicaciones significativas para la comprensión de la dinámica atmosférica terrestre.
Este campo actúa a nivel subatómico, pero sus efectos se extienden a cientos de kilómetros, influyendo en el comportamiento de las partículas que rodean la Tierra.
Además, sugiere que campos eléctricos similares podrían existir en otros planetas, como Venus y Marte, modificando su atmósfera e influyendo en su evolución de maneras aún poco claras. Con este descubrimiento, no solo se abren nuevas vías para el estudio de la evolución atmosférica de la Tierra, sino que también se sientan las bases para comprender mejor la atmósfera de otros planetas en el sistema solar.
El campo ambipolar se revela así como un elemento clave, no solo en la configuración de nuestra atmósfera, sino también en el contexto más amplio de la astronomía y la climatología planetaria.






