Este evento atmosférico tuvo un impacto significativo en varias regiones, incluyendo el Medio Oeste estadounidense, abarcando estados como Minnesota, Wisconsin, Michigan, Illinois, Indiana y Ohio; el Noreste, con New York, Pennsylvania, New Jersey, Connecticut y Massachusetts; así como las Montañas Rocosas, incluyendo Colorado, Wyoming y Montana.
Del lado canadiense, las áreas más afectadas incluyen Ontario, con ciudades como Toronto, Ottawa y Hamilton; Quebec, donde Montreal y Quebec City se vieron fuertemente afectadas por las tormentas; y las provincias atlánticas, con Nova Scotia, New Brunswick, Terranova y Labrador bajo asedio de la nieve. Las características destacadas de estas tormentas incluyen nevadas abundantes, que en ciertos lugares superaron el metro de acumulación, estableciendo nuevos récords.
Los vientos fuertes, que alcanzaron los 100 km/h, generaron verdaderos blizzards, reduciendo drásticamente la visibilidad.
Las temperaturas, además, cayeron a niveles extremos, alcanzando picos de -20°C. El impacto de estas condiciones meteorológicas adversas se manifestó de varias maneras, causando no solo inconvenientes en el transporte, con la cancelación de miles de vuelos y el cierre de arterias viales fundamentales, sino también interrupciones de corriente que afectaron a millones de personas, dejándolas sin electricidad debido al peso de la nieve sobre los cables eléctricos.
Además, los daños a propiedades privadas y públicas, causados por la fuerza del viento y el peso de la nieve, requirieron intervenciones urgentes para garantizar la seguridad de los ciudadanos.
La cotidianidad de las personas también se vio alterada, con escuelas y actividades comerciales obligadas a permanecer cerradas.
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