
Estas antiguas poblaciones veían los eventos celestiales como señales divinas, premonitorias de catástrofes o cambios significativos, especialmente para las figuras reales. Los estudiosos que han traducido estos antiguos textos han revelado cómo los astrólogos babilonios utilizaban los eclipses para predecir desastres o el fin de dinastías.
Un ejemplo emblemático es el de la ciudad mesopotámica de Akkad, donde un eclipse matutino era considerado un presagio del fin del reino.
Esta práctica adivinatoria se basaba en la creencia de que los dioses comunicaban a través de las señales celestiales, influyendo directamente en el destino terrestre. Las características específicas del eclipse, como la hora y la posición de la sombra terrestre sobre la Luna, eran elementos clave para los consejeros reales en la interpretación de estas señales.
Las tablas analizadas, provenientes de la ciudad babilónica de Sippar en el actual Irak, proporcionaban a los astrónomos reales herramientas esenciales para anticipar el destino del soberano. Otro presagio registrado en las tablas indicaba que un eclipse vespertino podía predecir una peste, mientras que un fenómeno eclíptico particularmente amenazante, descrito como “invertido”, sugería una destrucción total similar a un diluvio universal.
Aunque la naturaleza exacta de un eclipse “invertido” sigue siendo incierta, se supone que podría referirse a una percepción anómala de la posición lunar. A pesar de la gravedad de los presagios, los reyes no estaban completamente a merced del destino.
De hecho, podían recurrir a rituales protectores para mitigar los efectos negativos de los eventos predichos.
Entre estos, uno de los más importantes era la extispicina, es decir, el examen de las entrañas de los animales, utilizado para confirmar la gravedad del presagio y decidir las acciones necesarias para contrarrestar las fuerzas malignas. Estos descubrimientos no solo enriquecen nuestra comprensión de las prácticas adivinatorias en la Mesopotamia del segundo milenio a.
C., sino que también destacan la importancia histórica de los estudios astronómicos en la gestión política y social de la época.
El uso de los astros para guiar las decisiones reales muestra cuán central era la conexión entre el cielo y la tierra en la cultura babilónica, donde cada fenómeno celestial podía ser interpretado como un mensaje divino a descifrar para proteger y garantizar la estabilidad del reino.




