
Esta técnica consiste en dispersar aerosoles de sal marina u otras partículas finas en las nubes para aumentar su luminosidad y su capacidad de reflejar la radiación solar.
El objetivo es enfriar la Tierra reflejando más rayos solares al espacio. A pesar de su potencial, el MCB es un tema de gran controversia.
Los expertos subrayan la necesidad de una gobernanza tanto a nivel nacional como internacional para regular los experimentos y el uso de esta tecnología. Actualmente, se está tratando de incluir el MCB bajo el Protocolo de Londres, un tratado internacional contra la contaminación marina, para establecer estándares para la investigación y los experimentos de campo. Un estudio reciente publicado en junio de 2024 examinó las implicaciones de una intervención regional de MCB a lo largo de la costa occidental de los Estados Unidos, prevista para 2050.
Los resultados sugieren que, en un mundo más cálido, esta técnica podría ser menos efectiva y podría incluso causar un aumento de las temperaturas en Europa y otras regiones.
Este estudio destaca cómo una intervención regional puede tener repercusiones globales, demostrando la complejidad e interconexión del sistema climático global. El MCB se considera una tecnología que podría “comprar tiempo” mientras el mundo reduce drásticamente sus emisiones de carbono.
Sin embargo, su experimentación e implementación plantean preocupaciones significativas.
Algunos críticos piden una prohibición total de las tecnologías de geoingeniería marina, describiéndolas como una “distracción peligrosa” que podría desviar la atención de la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero. Además, la investigación sigue destacando las grandes incertidumbres sobre cómo debería y podría desplegarse el MCB.
Los estudios hasta ahora se han centrado principalmente en la modelización, y todavía hay muchas lagunas en el conocimiento sobre cómo esta tecnología afectará al clima global bajo diferentes condiciones climáticas.




