Los veranos en el cuenca del Mediterráneo y en Europa están cada vez más caracterizados por fuertes olas de calor, un fenómeno estrechamente relacionado con la dinámica meteorológica que ve la expansión de la Alta Presión Africana hacia nuestras latitudes.
En el pasado, el Anticiclón de las Azores garantizaba veranos más estables y frescos, pero hoy ha perdido gran parte de su capacidad para influir en el clima de nuestra Península, dejando espacio a las corrientes de aire caliente provenientes de los territorios subtropicales continentales.

Las modificaciones en la circulación atmosférica global tienen un impacto directo en estos cambios.
El Anticiclón de las Azores sigue existiendo, pero su influencia en el clima europeo se ha reducido notablemente.
Las corrientes atmosféricas entre los 40 y 60 grados de latitud, que en el pasado seguían un patrón más lineal, hoy muestran ondulaciones mucho más acentuadas.
Estas ondulaciones representan la alternancia entre alta y baja presión, y son fundamentales para la transferencia de calor entre las latitudes más altas y las más bajas.
Este proceso facilita el movimiento del aire caliente hacia el norte y del aire frío hacia el sur.
Fases de bloqueo de las ondulaciones
El problema principal ocurre cuando estas ondulaciones se ralentizan hasta detenerse, causando una persistencia del mismo estado meteorológico durante períodos prolongados.
Este fenómeno se conoce como “bloqueo anticiclónico”.
Un ejemplo reciente fue el bloqueo que llevó a cinco semanas consecutivas de calor prolongado en Italia, pero también en más de la mitad de Europa. En Italia, el impacto de estas modificaciones en la circulación atmosférica ha sido evidente, con un aumento de la presencia de masas de aire muy caliente.
La reducción de las corrientes occidentales, típicas del Anticiclón de las Azores, y su sustitución por corrientes provenientes del norte de África, han determinado un incremento de la temperatura media estival de aproximadamente 1,5 °C en comparación con los primeros años dos mil.
Este calentamiento ha hecho que los veranos sean decididamente más tórridos, alterando sensiblemente la percepción del calor en los meses de verano.
Se trata de cifras realmente impresionantes.






